Hace 35 años, la Fundación CEAS inició un viaje para transformar la educación en Chile. Hoy, esa misión cobra vida en un rincón especial de La Pintana. Mientras todos disfrutaban del sol este verano 2026, las salas del Colegio Santo Tomás no estaban vacías; estaban siendo el escenario de una metamorfosis técnica y educativa.
Enseñar ciencias hoy no puede hacerse con las herramientas de ayer. El reto era grande: ¿Cómo convertir un espacio tradicional en un ecosistema de innovación que estuviera a la altura de los sueños de los estudiantes de La Pintana antes de que sonara la campana de marzo?.
Como aliados estratégicos de CEAS, pusimos manos a la obra. No instalamos mesones; instalamos plataformas de descubrimiento. Durante semanas, el equipo trabajó contra el reloj para asegurar que la seguridad y cada conexión fuera un puente hacia el conocimiento. Esta es la gran mayoría de los colegios de la red que ya hemos transformado, pero el Santo Tomás tiene ese brillo especial de lo recién inaugurado.
Este se cortó la cinta. Pero lo que realmente inauguramos fue la curiosidad. Al ver la cara de los alumnos al entrar a su nueva sala, recordamos por qué hacemos lo que hacemos. Porque un laboratorio moderno no es el destino, es el punto de partida para los científicos que cambiarán el mundo.